Esto es un hospital universitario, bonita

¿Cuántas veces habremos oído esta frase? Tanto pacientes, como estudiantes, como sanitarios titulados la escuchan y la utilizan a diario, convencidos de que el nombre de dicho hospital, por el hecho de incluir la palabra “universitario”, implicara que como paciente no tienes derecho a decidir si serás atendida por personal en formación o no.

Recuerdo un día siendo estudiante de enfermería en una planta de medicina interna que tenía que sacar muchas analíticas a quienes estaban ingresados. Había una anciana que nada más verme aparecer dijo “¿otra estudiante?, a mí que me pinche una enfermera”, así, sin los buenos días, ni un por favor, ni nada. Era bastante habitual que como estudiantes nos encargáramos de muchas tareas rutinarias de la planta de forma autónoma: toma de tensiones, de temperaturas, extracción de analíticas, registro de glucemias capilares (el pinchacito en el dedo) en diabéticos, etcétera, sin supervisión de nadie. Era la primera vez que alguien se negaba a que yo le atendiera por ser estudiante y no supe qué hacer, salí de la habitación y se lo dije a la enfermera. Entró muy airada en la habitación y le explicó a la señora que estaba en un hospital universitario, que no tenía el personal a la carta y que si todo el mundo hiciera como ella, no se podrían formar nuevos profesionales (solemos hablar mucho del paternalismo en obstetricia, pero ni de lejos imaginais el paternalismo que existe con los pacientes ancianos… pero ese es otro tema).

Si os digo la verdad, ni recuerdo quién extrajo finalmente esa analítica, pero yo no salí del hospital muy convencida ese día. Es cierto que el sistema formativo de los profesionales sanitarios implica muchísimas horas prácticas, no es sólo teoría. Sería catastrófico que todos los pacientes se negaran a ser atendidos por personal en formación, miles de sanitarios se graduarían cada año sabiendo mucha teoría pero sin haber asistido a ningún paciente. ¿Qué opinaría esa misma señora si mi respuesta a su pregunta hubiera sido “no soy estudiante, soy enfermera, pero este es mi primer contrato y en mi vida he sacado sangre a nadie… ¡pero he visto muchos videotutoriales!”?. Por otro lado, cada paciente tiene sus circunstancias, más o menos miedo a los procedimientos sanitarios, mejores y peores experiencias con personal en formación, ¿no sería entendible que en algunos momentos haya quien prefiera que no aprendan con él? Lo que más me confundía era la disparidad de opiniones entre los propios profesionales, unos me aseguraban que los pacientes tenían derecho a negarse a ser atendidos por personas en formación y otros tenían claro que en un hospital universitario, “es lo que hay, si no te gusta, te vas a otro”. Vamos a ver… o se puede decidir o no se puede, eso no estará sujeto a la opinión personal de cada profesional, ¿no?

Pues hoy, 6 de febrero de 2017, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha publicado en el BOE la Orden SSI/81/2017, de 19 de enero, por la que se publica el Acuerdo de la Comisión de Recursos Humanos del Sistema Nacional de Salud, por el que se aprueba el protocolo mediante el que se determinan pautas básicas destinadas a asegurar y proteger el derecho a la intimidad del paciente por los alumnos y residentes en Ciencias de la Salud.

Esto es un hospital universitario, bonita

Recuerda en su inicio del texto que “la Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias, establece que los profesionales sanitarios tienen el deber de respetar la personalidad, dignidad e intimidad de las personas a su cuidado, debiendo respetar la participación de los mismos en la toma de decisiones que les afecten.” Es decir, las decisiones del paciente se respetan por ley. Pero no nos quedemos únicamente en “¿me puedo negar a que me atienda un estudiante?”, vamos más allá…

Cito literalmente de la Orden: “El Real Decreto 183/2008, de 8 de febrero, por el que se determinan y clasifican las especialidades en Ciencias de la Salud y se desarrollan determinados aspectos del sistema de formación sanitaria especializada establece que «El sistema formativo de residencia implicará la asunción progresiva de responsabilidades en la especialidad que se esté cursando y un nivel decreciente de supervisión, a medida que se avanza en la adquisición de las competencias prevista en el programa formativo, hasta alcanzar el grado de responsabilidad inherente al ejercicio autónomo de la profesión sanitaria de especialista».

Y vamos a enmarcarnos más específicamente en la asistencia obstétrica. Cuando se habla de personal en formación podemos hacerlo de estudiantes o de residentes, os explico la diferencia (siempre ajustándome a la asistencia obstétrica, por supuesto en otros servicios hospitalarios el abanico de profesionales es mucho más amplio). Quienes estudian medicina, auxiliar de enfermería o enfermería han de realizar unas prácticas obligatorias, te los encontrarás en el hospital o centro de salud como estudiantes. Una vez finalizada la carrera universitaria, un médico o una enfermera pueden optar a una especialidad mediante un programa formativo durante el cual serán residentes (MIR, médico interno residente formándose para ser ginecólogo o EIR, enfermera interna residente formándose para ser matrona), serán profesionales sanitarios titulados (ya médicos y enfermeras), en formación (en periodo de residencia), NO especialistas (hasta finalizar su periodo de residencia). El RD 183/2008 indica que con los residentes habrá un nivel decreciente de supervisión, como es lógico, requerirán mayor supervisión en el inicio de su formación y menor a medida que vayan adquiriendo las habilidades y conocimientos necesarios (razón por la cual irán ganando paulatinamente una mayor responsabilidad).

Recapitulando: un residente jamás será ginecólogo ni matrona, será residente de ginecología o residente de matrona, en formación durante determinados años hasta adquirir la categoría de especialista (ahora sí, ginecólogo o matrona).

Por ley debemos ir siempre correctamente identificados ante una paciente, mostrando una tarjeta en un lugar visible con nuestro nombre y nuestro cargo, una fotografía, si estamos en formación, el año de residencia que se esté cursando (4 para ginecología: R1, R2, R3 y R4; y 2 para matrona: R1 y R2), la titulación de la que provengamos (medicina para los MIR, enfermería para las EIR) y la especialidad que cursemos (ginecología, pediatría, etc). A menudo los uniformes del hospital incluyen la palabra “médico”, “enfermera”, “matrona”, “auxiliar” (o “tcae”) impresa, pero no siempre. Que así sea o que nos cambiemos con frecuencia de uniforme por mancharnos al atender a una paciente no nos exime de mostrar en todo momento esa identificación. Corresponde a la dirección de cada centro sanitario velar por el cumplimiento de esta correcta identificación, es decir, si deseamos poner una reclamación porque un profesional no se ha identificado o no lo ha hecho correctamente (una auxiliar se ha presentado como enfermera o un residente como especialista, por ejemplo), debemos saber que esa reprimenda no sólo irá dirigida al profesional en cuestión, sino a la dirección del centro por no velar por esa obligación del trabajador y nuestro derecho como paciente, que la dirección no se “lave las manos”, que tiene responsabilidad en esto.

Queda claro a quiénes podemos encontrarnos en formación y cómo han de identificarse… seguimos en el ámbito obstétrico. Llegas de parto al hospital (o a urgencias por cualquier emergencia) y no estás como para irte fijando en las tarjetas que cuelgan de los bolsillos de cada persona que te asiste, ¿debes renunciar entonces a saber quién te atiende? De ninguna manera. En esta Orden SSI/81/2017 se establece que “Los pacientes tienen derecho a saber que hay alumnos en formación presentes en su proceso asistencial. […] Con carácter previo al inicio del acto asistencial el profesional responsable del mismo (especialista de la unidad, tutor o residente autorizado por su tutor) informará al paciente o su representante sobre la presencia de estudiantes, solicitando su consentimiento verbal para que presencien las actuaciones clínicas.” Es decir, aunque tú no preguntes a cada persona que te atienda “holaaa, ¿eres estudiante o residente?” tienes derecho a ser informada de ello (son los profesionales quienes han de tomar la iniciativa de decírtelo, no tú de preguntar, que por supuesto también puedes hacerlo si quieres, pero no es tu obligación. La suya, sí), pero no sólo eso, sino que han de comunicártelo antes de cualquier asistencia y pidiéndote consentimiento para ello. Si entra una residente de matrona a tu sala de dilatación, te saluda con una sonrisa de oreja a oreja, te dice cómo se llama y te informa de que te va a explorar, estará incumpliendo la Orden ministerial si no te comunica que está en periodo de formación y acto seguido te pide permiso para atenderte en calidad de residente.

De conformidad con lo establecido en el artículo 7.3 de la Ley 15/99 de Protección de Datos de Carácter Personal y en relación con el artículo 8.1 de la Ley 41/2002 de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica, en el caso de que el paciente se niegue el personal en formación no estará presente en el proceso de atención asistencial”: esto significa que si escoges para dar a luz un hospital universitario puedes decidir que en tu parto estén exclusivamente las personas necesarias, sin personal en formación, por muy universitario que sea el centro. No que estén observando desde un segundo plano sin intervenir, no, la Orden especifica que puedes negarte a que estén presentes. Si por el motivo que sea no quieres personas en formación en tu parto no es necesario que busques un hospital que no sea universitario, la ley dice que esa decisión es tuya, acudas donde acudas a dar a luz.

No voy a entrar en debates morales de si está bien o está mal censurar que esas personas se formen (yo misma y todos nos hemos formado practicando con pacientes reales), ni en si es más o menos ético o solidario optar como paciente por el “que aprendan con otra, conmigo no”, sólo quiero que quede clara la legislación vigente, que prima la decisión de la mujer y recuerdo que los partos son procesos fisiológicos con un funcionamiento hormonal específico que exige una sensación de intimidad y seguridad para desarrollarse de manera adecuada. En algunas ocasiones esto se consigue sin el más mínimo problema con estudiantes o residentes que han estado acompañando a la mujer durante su dilatación, pero sin duda no es el escenario más adecuado para el transcurso de un parto que en el momento del expulsivo entren como espectadores un montón de estudiantes porque nunca han visto un parto y les ilusiona ver uno. No nos engañemos… cuando eres estudiante, llama mucho la atención ver un parto. No es raro que un alumno que está en prácticas en cardiología venga a un paritorio a pedir ver un parto, pero no suele suceder que un alumno en prácticas en paritorio tenga especial interés en ir a ver cómo se hace un electrocardiograma, un nacimiento conlleva una carga emocional muy intensa y es muy bonito verlo, pero hay que recordar que no es un espectáculo.

Además aunque consientas que los alumnos estén presentes durante el acto clínico, deberás dar nuevamente tu consentimiento si se te fuera a realizar algún tipo de exploración física, procedimiento clínico o intervención con fines formativos, por ejemplo, algo muy frecuente: te explora la matrona y acto seguido te va a explorar un residente. Para esto también debes dar tu conformidad o no, puedes estar de acuerdo con que haya una persona en formación presente, pero no que realice procedimientos clínicos. O puedes negarte en unas ocasiones y otras no… siguiendo con el mismo ejemplo, si llegas muy dolorida al paritorio pidiendo a gritos la epidural puedes pedirle a la matrona que antes de ponértela te explore sólo ella y, una vez puesta, dar tu consentimiento para que te explore un residente. ¡O no!, ¡o todos desde el principio! Te recuerdo, no hablamos de qué es mejor o qué es peor, sino de lo que tú prefieres. Y que eso que prefieres, en lo relativo a la asistencia por parte del personal en formación, está amparado por la ley.

Si estás leyendo esto y eres profesional sanitario, has de saber que esta Orden también respalda que tú limites la presencia de alumnos en particular cuando entiendas inadecuada la presencia del alumno por la situación clínica, emocional o social del paciente. Es decir, si tú consideras que en un caso concreto la presencia de un alumno será contraproducente para la paciente, por supuesto ni es necesario que le pidas a ella consentimiento para que esté presente, velarás por su intimidad.

Y si la mujer nos dice que sí, que pueden entrar personas en formación a ver su parto, ¿convertiremos el paritorio en el camarote de los hermanos Marx? No, la Orden SSI/81/2017 establece que, salvo supuestos especiales (y siempre consentidos por el paciente), durante los actos clínicos que se realicen en presencia del mismo, no deberán estar presentes más de 3 alumnos por paciente o de 5 si computamos también residentes.

Continuemos desgranando esta Orden: algo muy, muy, muy importante y que se incumple demasiadas veces: “Los alumnos estarán supervisados en todo momento, no pudiendo acceder al paciente ni a la información clínica sobre el mismo, sin la supervisión directa del personal del centro asistencial que sea responsable de su formación de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 104 de la Ley General de Sanidad en relación con lo previsto en el Real Decreto 1558/1986, de 28 de junio, por el que se establecen las bases generales de los conciertos entre las universidades y las instituciones sanitarias, así como por lo previsto en los conciertos y otra normativa autonómica que en cada caso resulte de aplicación.” Esto significa que un alumno es precisamente alumno porque se está formando y para ello, para saber si lo hace bien o mal, para ofrecerle orientación sobre cómo hacerlo adecuadamente y corregirle si fuera necesario, ha de estar supervisado. Los estudiantes son estudiantes, pero por desgracia bien por desgana de quienes han de supervisarlos, bien por falta de personal, acaban asumiendo tareas de forma autónoma que no les corresponden, repercutiendo negativamente en la calidad asistencial.

Cita la orden: “Según lo previsto en el artículo 15 Real Decreto 183/2008, de 8 de febrero, la supervisión de residentes de primer año será de presencia física, por lo que los centros sanitarios deberán garantizar la existencia de condiciones organizativas que garanticen la supervisión/visado de las actuaciones del R1 por los especialistas de la unidad asistencial.” Recordando lo que se explicaba al inicio del post, un residente de un año superior no es en ningún caso un especialista, un especialista es aquel que ha finalizado con éxito su periodo formativo de residencia. Nunca debe atenderte un residente de primer año (R1) si no va acompañado de un especialista, no es válido que le supervise un R2 o superior, ha de ser un especialista. Sólo se podrá incumplir esto “cuando por motivos de urgencia vital se precise la intervención de un residente sin que en ese momento pueda ser supervisado (de forma presencial o no, dependiendo del año de residencia y circunstancias de cada caso), estará obligado a dejar constancia de su intervención en la historia clínica, dando cuenta de su actuación tanto a sus tutores como a los especialistas de la unidad asistencial en la que se ha producido la urgencia.” Explorarte, darte el alta, suturarte una episiotomía o un desgarro, etcétera, no son una urgencia vital…

¿Estuviste informada en todo momento de quién era quién en tu embarazo y parto?, ¿te pidieron consentimiento para ser atendida por personal en formación?

Tus dudas resueltas, en matronaonline

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10 comments

  1. ELENA says:

    En julio del año pasado, tuvieron que practicarme un legrado por un embarazo que no evolucionó, a la pena de la noticia se me sumaron 2 situaciones más que me hicieron vivir peor el momento… Primero una auxiliar que me preguntó que “¿Por qué me hacía un legrado?”. Como si yo estuviera allí para abortar voluntariamente, y encima teniendo ella mi historial delante (hay que añadir que me enteré de que mi bebé había muerto el día anterior).
    Lo segundo fue mi ginecólogo, que de por sí era una persona seca, pero que se presentó allí con dos estudiantes, las cuáles ni me presentó ni me dijo que venían a aprender el procedimiento, ni si iban a intervenir ellas o no, ni, por supuesto, si yo estaba de acuerdo.
    La verdad es que a día de hoy lo pienso y no hubiera asumido la situación tan pasivamente, pero en ese momento psicológicamente no me encontraba con fuerzas… Tampoco fue plato de buen gusto escucharles descojonarse mientras se lavaban en una habitación contigua.
    En fin, un día para olvidar por varias razones…
    No me hubiera negado a la presencia de estudiantes pero me habría gustado sentirme más persona y menos trozo de carne. El único compasivo fue el anestesista que al verme llorando intentó distraerme y hacerme sentir mejor, y lo consiguió :)
    Por supuesto dejé de tener a ese ginecólogo como médico. Fue en un hospital privado.

    • Matronaonline says:

      Bueno, partimos de que el manejo del duelo en nuestro país deja muchísimo que desear. Incluso si tu legrado hubiera sido voluntario, hubiera merecido el máximo respeto y delicadeza por parte de los profesionales. Lo de reírse en otra habitación tampoco me sorprende, al igual que en otras ocasiones algunas mujeres comentan cómo los profesionales hablaban en mitad de su cesárea, por ejemplo, del viaje que iban a hacer ese fin de semana o el partido de fútbol de la noche anterior. Sin duda son comportamientos inadmisibles. En un hospital hay legrados a diario, pero ello no implica que para cada mujer que pasa por ello sea una experiencia muy intensa y dolorosa, no es “una más”, por eso jamás hay que tratarla como tal. Lo describes muy bien… es triste, pero te sientes como un trozo de carne, no como una persona digna. Me alegra mucho que ese anestesista estuviera allí arrojando un poco de luz a la situación y que dieras carpetazo a ese ginecólogo ;)

  2. María says:

    Hola! en mi caso he de agradecer el parto maravilloso que tube a la residente de matrona que me asistió. Lo primero que hizo fue presentarse e informarme de que era la residente y que si yo estaba conforme y la matrona lo quería me llevaría ella el parto. En todo momento me informó y pidió consentimiento para todo. Se respetó mi plan de parto todo lo posible teniendo en cuenta que fue una indución y mi hijo nació perfecto con casi 4kilos y yo sin un punto ni medio. Gracias a ella no dudaría en tener unos cuantos nenes más. A ver si la localizo y me puede asistir para los próximos. ;)

    • Matronaonline says:

      Jejeje es que en ocasiones puedes encontrarte con que te sientes mucho mejor acompañada por un estudiante o residente que por el propio profesional. 4 kilazos y ni un punto, ¡qué gustazo! desde luego sería fantástico contar con ella en otros partos…

  3. Aprendemos con mamá says:

    Entiendo perfectamente que tengan que haber estudiantes para aprender, porque si se impide practicar a los estudiantes, será difícil que hayan nuevos médicos. Pero personalmente me molesta un poco eso de que estubieran delante mío muchos estudiantes viendo el parto, nunca me ha pasao, pero imagino que me estresaría porque bonitp es, pero fàcil no.

    Un saludo

    • Matronaonline says:

      Claro, es algo necesario… nos incomoda que “practiquen” con nosotras, pero nos espantaría que nos atendiera alguien ya titulado que jamás hubiera practicado con nadie, es controvertido. Por eso siempre hay que intentar respetar la intimidad, procurar no convertir una habitación en un aula masificada y, sobre todo, tener en cuenta los deseos de la mujer. La inmensa mayoría responden que no les importa la presencia de alumnos. Pues porque haya algunas pocas que pidan por favor que no haya nadie más… no se va a ver afectada la formación de nadie. Todo con cabeza ;)

  4. Mamá 3.0 says:

    Hace unos meses, en urgencias, la ginecóloga le dio instrucciones a una chica claramente inexperta para hacerme un tacto. No me dio una sola explicación, ni mucho menos me pidió permiso. Me dolió bastante y ha sido el momento más desagradable de todo el embarazo. Mi marido ya tiene en su poder tu artículo sobre los derechos del paciente y este cambio en la legislación me da más fuerza aún para imponerme, o para pedirle a él que se imponga, ya que yo tb voy a dar a luz en un hospital universitario y no sé hasta qué punto me va a apetecer tener espectadores y/o manos inexpertas urgándome. Creo que soy egoísta, y entiendo que tienen que aprender, pero… quizás con el próximo embarazo, cuando sepa de qué va todo esto :).

    • Matronaonline says:

      De egoísta nada, has pasado por un trato muy mejorable y es perfectamente entendible que opines así. Mi artículo no es más que un panfletillo jeje, lo importante es lo publicado en el BOE, ¡eso va a misa! y si no… para ellos puede tener consecuencias, por supuesto.

  5. Prad Bitt says:

    Hola. Me alegra enormemente que alguien de dentro del “sistema” se esfuerce por explicarle sus derechos a las pacientes, cuando lo normal es lo contrario. El personal sanitario, demasiado endiosado, estresado o vaya usted a saber qué, suele evitar “molestias” y pérdidas de tiempo dando explicaciones. En TODOS los hospitales españoles se vulnera SISTEMATICAMENTE el derecho a la dignidad y la intimidad de las pacientes. Por desgracia, uno no tiene más remedio que imponerse de, digamos, maneras alternativas cuando la razón no quiere contemplarse.
    Y pasando a un par de dudas que me gustaría que me resolviera si está usted enterada:
    ¿Puede una mujer negarse a que la atienda en el parto un hombre en lugar de una mujer? (Legalmente, claro. Sin necesidad de recurrir a otro tipo de “estrategias”).
    ¿Puede el padre asistir a la cesárea si no es de alto riesgo?
    Y por último, los celadores NO son médicos, ¿por qué no se les exige que guarden el debido respeto a la dignidad e intimidad de los pacientes?
    Gracias de antemano, si tiene a bien contestar a mis preguntas.

    • Matronaonline says:

      Hola! Perdón por la tardanza, que me pillaste de parto jeje. Me temo que debo darte la razón, es más, hablamos de los servicios de ginecología y obstetricia, pero la dignidad del paciente se machaca por sistema en muchos servicios de urgencias (no hay más que ver cómo tienen a menudo a los pacientes hacinados en salas por falta de camas, en camillas en los pasillos, cómo se les preguntan asuntos privados relativos a su historial médico delante de otros pacientes en ausencia total de intimidad. Los celadores sí están obligados a guardar ese respeto, para explicarlo mejor… no hablamos de las obligaciones de los trabajadores, hablamos del derecho de los pacientes. Esos derechos no pueden ser vulnerados ni por un médico, ni por un técnico de mantenimiento que esté reparando algo ante un paciente… por nadie! Respecto a negarse a ser atendida por un médico varón, no, es ilegal, puesto que supone una discriminación por sexo (al igual que no puede negarse a ser atendida por alguien por el hecho de ser de una raza concreta, por ejemplo). Un saludo!

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